Una ciudad de mucho ruido

Tehuantepec, una ciudad de mucho ruido

Redacción

TEHUANTEPEC, OAX.- El ruido que padece esta ciudad es por demás intolerable. El tráfico vial, los altavoces fijos y móviles, la publicidad sonora en locales comerciales, el excesivo parque vehicular y hasta los festejos tradiciones que se realizan en todo el año, hacen de esta ciudad una de las más ruidosas de todo el Istmo.

Desde las 5 de la mañana hasta las 11 de la noche, diversas formas de ruido se hacen presentes en varios puntos del casco urbano sin que la autoridad municipal y estatal intervenga para controlarlo.

De acuerdo a la Ley de Protección contra el Ruido en el Estado de Oaxaca, decretado en 1968, quien genere algunas de las variantes de ruidos estipulados podría ser acreedor de sanciones económicas o arresto por hasta cinco días.

Sin embargo, la realidad es otra. En esta ciudad, los altavoces y el ruido de los transportes son los que más contaminan el ambiente desde tempranas horas.

Ya sea para anunciar la venta de desayunos típicos en domicilios particulares o el fallecimiento de una persona, los altavoces o “aparatos” de sonido son usados por la sociedad tehuana para comunicarse desde antes del amanecer.

Sin tener un horario determinado para su uso, los altavoces fijos generan uno de los mayores contaminantes auditivos de la ciudad, y con ello, el malestar social de quienes se saturan de tanto ruido no nivelado.

Para la Organización Mundial de la Salud, por encima de los 70 decibeles (rango de medición del ruido) las emisiones son molestas, y arriba de los 90 se vuelven dañinas.

Un altavoz supera los 100 decibeles a escasos 10 metros de donde se tiene instalado el transmisor, generando con ello un malestar auditivo para las familias.

En 2011, la regiduría de Ecología del ayuntamiento tehuano intentó regular el uso de altavoces con la asignación de horarios para la utilización de estos altoparlantes. Dicho horario nunca se respetó.

La disposición de regular el horario se tuvo en el 2014 con la actual administración municipal, pero lo acordado se cumplió a medias.

En Tehuantepec, lo mismo se emite en un “aparato” de sonido un anuncio funerario o de venta de antojitos a las 7:00 de la mañana o de invitaciones para reuniones de grupos a las 4 de la tarde y hasta felicitaciones con música a las 7 de la noche.

La irresponsabilidad en el manejo de altoparlantes ha sido también solapada por los gobiernos municipales que acuden a ello para externar invitaciones de actividades políticas, sociales, reuniones urgentes o para su propaganda electoral en tiempo de campañas.

En 2014 el entonces alcalde Donovan Rito García se reunió con los responsables de los altavoces de la ciudad para en común acuerdo establecer reglas que permita regular el uso adecuado de estos instrumentos, sin embargo, no se fijaron reglas para el horario ni el tiempo de duración del uso de estos aparatos que llegan a tardar hasta 20 minutos encendidos.

Ley sorda

De acuerdo a la ley estatal contra el Ruido, el uso de claxons, bocinas o sirenas en toda clase de vehículos queda prohibido. Únicamente podrán hacer uso de esos medios de aviso las ambulancias, el cuerpo de bomberos y la policía, en el estricto desempeño de sus funciones.

El artículo cuarto de dicha ley prohíbe el uso de altavoces o cualquier otro instrumento para difundir los actos religiosos fuera de los templos en que se desarrollen. El uso de altavoces fijos en toda clase de propaganda comercial, industrial o de diversión, así como su uso en las ferias y en los juegos de lotería conocidos como polacas, también quedan prohibidos.

En esta ciudad, esa ley es letra muerta. El transporte público y privado es el principal generador de ruido en el Centro Histórico con la falta de silenciadores para los escapes de los más de 200 motocarros que circulan en esta zona, así como los claxons que emiten los taxistas y urbaneros cuando el tráfico está sofocado.

Nadie respeta las reglas, mucho menos la conocen. La regiduría de Medio Ambiente no contempla hasta el momento un proyecto que permita inhibir el ruido en el primer cuadro de la ciudad a donde llegan los carros altoparlantes para anunciar productos diversos, los vendedores ambulantes que gritan para ofrecer su mercancía, y los comercios de empeño, que usan bocinas con música para atraer al cliente.

La avenida Juana C. Romero es quizá la más ruidosa de la ciudad. Sobre ella se concentran puestos de música pirata que ponen melodías a todo volumen, los camiones urbanos, automovilistas particulares, taxistas, comerciantes del mercado “Jesús Carranza”, y demás negocios que generan ruido.

Para el grupo “Amigos del Centro Histórico”, la contaminación auditiva en esta zona de la ciudad ocasionada por el tránsito vehicular y el comercio afecta la capacidad de concentración de los niños en las escuelas, la productividad en centros de trabajo y limita el descanso.

Ruidosas tradiciones

En esta ciudad, sus tradiciones también generan ruido. Con más de 25 fiestas al año, con duración de hasta 7 días cada una, las tradicionales mayordomías tehuanas son generadoras de contaminación auditiva.

El artículo 5º de Ley de Protección contra el Ruido en Oaxaca específica que solamente podrán hacerse detonar cohetes y cualquier otro artificio de pólvora, de las 6 a las 22 horas. Los conocidos como “fuegos pirotécnicos o castillos”, por su condición de espectáculo nocturno podrán realizarse hasta las 23.30 horas.

En la realización de las calendas, especifica el artículo sexto de dicha ley, pueden hacerse detonar cohetes sin límite de tiempo.

Pero aquí los cohetes se emiten hasta cuatro veces al día, con “tandas” de tres detonaciones en cada emisión para anunciar al pueblo que habrá fiesta. En las Mañanitas al Santo Patrón del barrio, los cohetes se queman a la media noche y a las 5 de la mañana, cuando la mayor parte de la ciudad duerme.

Las emisiones de ruido también se dan por los bailes con música de grupos y orquestas que tocan más de seis horas seguidas, también generan ruido quienes asisten a estos eventos e impiden la tranquilidad de los vecinos.

La ciudad parece estar acostumbrada a estos niveles auditivos que a diario se dejan sentir en las zonas más concurridas. Las fiestas, el comercio y el transporte, son las principales generadoras de ruido en todo el año.

Sin medidas que eviten la regulación auditiva, la población seguirá padeciendo de los efectos del ruido que para muchos es ya un parámetro normal de esta ciudad.

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