Juana Cata, una vida de mitos

Édgar CRUZ

TEHUANTEPEC, OAX.- Historias sobre la vida de Juana Cata hay muchas, pero con versiones fundamentadas, pocas. Desde escritores locales que se empecinaron a crear el mito de la mujer más sobresaliente de Tehuantepec en el siglo XIX, hasta la de historiadores nacionales que llenaron de errores la vida de este imponente personaje femenino, sobresalen en la historiología que rodea al porfiriato, la Revolución y el México de hace casi dos siglos.

Al cumplirse 179 años del natalicio de Juana Catarina Romero, historiadores como Julia Astrid Suárez, han señalado que sobre la vida de la Benefactora son muchos más los mitos y leyendas que verdades comprobadas, desinformando la propia historia y creando momentos y pasajes inexistentes en lo que fue la vida de la llamada “Mamá Grande” de Tehuantepec.

La antropóloga, quien ha investigado la vida de  Juana Cata, señaló que historiadores, escritores y narradores de la biografía de esa mujer empresaria del Siglo XIX y principios del XX, han desvirtuado la presencia que tuvo en Tehuantepec, por el simple morbo, especulación o falta de investigación en los hechos que argumentan.

Uno de los principales mitos es la relación que pudo existir entre el entonces presidente de México, Porfirio Díaz y Juana Cata, comprendido desde finales del Siglo XIX hasta la primera década del XX.

La antropóloga Julia Astrid Suárez asegura que entre Romero y Díaz no pudo haber más que una relación de amistad, más allá de las relaciones políticas y comerciales que pudiera tener la empresaria tehuana en tiempos del porfiriato.

Para la también historiadora pudo existir una relación de amistad, de alianzas políticas e inclusive, de confidencialidad y complicidad que se tradujo en una estrecha cercanía de ambos personajes, pero de amoríos, es poco probable que sucediera.

Julia Astrid Suárez, resaltó los mitos que escritoras como la estadounidense Fancie Chassen han hecho sobre la vida de doña Juana C. Romero, como el hecho de que su fortuna pudo ser heredada por terceros, que el linaje provenía de la etnia zapoteca y que pudo existir un amorío con Porfirio Díaz.

Lo mismo que hizo Chassen lo realizó Guadalupe Loaeza en varios libros de su autoría, destacando el último denominado “Oaxaca de mis amores” donde narra parte de la vida de Juana Cata y expresa varios sucesos sin fundamentos.

“Fue una mujer (Juana Cata) que conocí toda la vida, a ella la conocí en un billar, durante la guerra de reforma en 1859, era una mujer zapoteca, sabe usted, que cuando la conocí no sabía leer y ella además era muy humilde…” relata en una entrevista imaginaria el general Porfirio Díaz a la escritora Guadalupe Loaeza, dentro de su obra literaria.

Julia Astrid señala que hay fuertes indicios que la benefactora de Tehuantepec no provenía de una estirpe humilde ni de una etnia marcadamente zapoteca, mucho menos que se enrolaba entre los soldado para vender puros pues existen documentos que hablan de su ascendencia española y de clase aristócrata.

Resaltó el gran sentido y conocimiento empresarial que tuvo al grado de obtener premios internacionales por la producción de azúcar en Tehuantepec y que tras la construcción de las vías férreas se pudo exportar su producto a Europa y otros países del mundo.

El historiador tehuano Antonio Santos expuso en su momento que las vías del tren pasan frente al chalet de Juana Cata por una cuestión geográfica ya que es en esa zona donde hay más angostura del río Tehuantepec y por lo cual fue factible construir el puente y no por los supuestos amoríos que tuvo con Díaz, como lo sostiene la versión popular.

La Benefactora de Tehuantepec, nacida el 24 de noviembre de 1837, generó después de su muerte historias enigmáticas y míticas por el poderío político, económico y comercial que consiguió en una época donde las mujeres difícilmente sobresalían.

La versión de que Juana Catarina Romero fue una indígena zapoteca ha sido rechazada por historiadoras como Rosa Mimiaga (+), que basada en sus investigaciones, pudo comprobar que la insigne benefactora procede de una familia de origen español y no de la etnia local de Tehuantepec.

También descartó la versión de que la mujer descrita por el conde francés Braseur en su visita a Tehuantepec en 1859 haya sido Juana Cata, ya que nunca especifica el nombre de la didxazá (zapoteca) que narra en sus textos y que la describe como una mujer hermosa que incluso poseía a los hombres a través de pócimas.

Tampoco se conoce el desarrollo de la juventud de Juana C. Romero, por lo que se descarta el mito de que estuvo enrolada con soldados o pasó vendiendo cigarros en cantinas y billares a sus 19 años como los sostienen algunas aseveraciones críticas sobre la vida de la benefactora.

De acuerdo a textos de  Mimiaga, la Benefactora Juana Cata no fue tan pobre como narran algunos historiadores foráneos, mucho menos empezó a leer y escribir a sus 30 años de edad.

Juana Catarina Romero ha quedado señalada solo la mujer empresaria, amante de Porfirio Díaz y dueña de una inmensa fortuna a finales del Siglo XIX.

Pero a 101 años de la muerte de la insigne Juana Cata, el mito de su relación amorosa con Porfirio Díaz debería quedar atrás, al menos eso espera la antropóloga Julia Astrid Suárez quien además prepara en el libro biográfico de la llamada “Mamá grande de Tehuantepec”, a publicarse en próximos meses.

Pero más que mitos, el tiempo ha podido comprobar que lejos de las verdades infundadas sobre Juana Cata, existen los beneficios que dejó a su pueblo y que aún permanecen como mudos testimonios de ese amor a Tehuantepec que siempre tuvo.

Desde donaciones en efectivo a la comunidad, cesiones de tierras para un panteón donde ahora yacen sus restos y la creación de la primer escuela primaria en la ciudad han pesado más en la vida de Juana Cata que la de los supuestos amoríos con Porfirio Díaz.

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Copy Protected by Chetan's WP-Copyprotect.