Fiesta Titular, la música que nos identifica

Edgar CRUZ

TEHUANTEPEC, OAX.- Si algo distingue a las Fiestas Titulares de Tehuantepec es su música. Sones característicos para estas celebraciones, dan identidad a los tehuanos durante cuatro semanas en que se celebran igual número de mayordomías.

Los sones que caracterizan a la Fiesta Titular son parte, además, de un ritual dancístico y musical que enaltece las costumbres de los nativos de Tehuantepec.

El son squipi (ombligo) se ejecuta solo en los Viernes Zaa o “viernes de fiesta”  que enmarcan el inicio de esta tradición que se realiza en cada uno de los cuatro barrios de Tehuantepec que celebra su fiesta titular.

Los legendarios barrios de Tehuantepec: Laborío, Santa Cruz Tagolaba, Santa María y Jalisco realizan sus fiestas titulares entre una serie de rituales y celebraciones propias de la idiosincrasia zapoteca, cuyo origen tiene que ver con el año nuevo de los antiguos ancestros indígenas.

Para determinar los días en que se han de realizar las fiestas titulares, éstas se basan en el calendario solar para marcar y repartir los 4 domingos previos al Miércoles de Ceniza entre igual número de barrios.

Y son en estas fiestas donde se ejecutan melodías únicas para la celebración. Desde el destacado son esquipi o son del ombligo, tocado a la media noche en el Viernes Zaa, pasando por el son Bandaga, bailado por los shuanas y sus esposas en el Convite de Flores y el son de las naranjas, tocado únicamente en el barrio Jalisco, la música cobra un papel destacable en estas celebraciones.

El son esquipi denota alegría y sus versos son en tono de burla para el mayordomo actual de la festividad, shuanas de los barrios o algún personaje conocido en la ciudad al que el cantante u orador echa mofa de su físico o apodos.

La misma picardía se repite en el son de las naranjas, solo que aquí, a diferencia de los versos, el distintivo recae en la forma de bailarlo.

Este son se ejecuta solo una vez en la fiesta titular del barrio Jalisco, el domingo previo al miércoles de Ceniza y en el cual, sus asistentes toman una naranja en las manos y en el zapateado tratan de tocarle las nalgas a las demás personas que bailan.

Con este son, donde no existe letra, las risas no se dejan esperar, tanto por quienes lo danzan como para quienes ven a las personas tratar de tocar el trasero de otros pero evitando que se lo toquen.

Así pues, con las diversas melodías de las fiestas titulares se da remembranza también a la celebración nativa que esperaba el inicio de un nuevo ciclo comenzado en el mes de marzo.

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