Muestran fervor en el quinto viernes de cuaresma

Edgar CRUZ

TEHUANTEPEC, OAX.- La tradición volvió a cumplirse. Como cada año la celebración del Quinto Viernes de cuaresma en el barrio Jalisco dejó en los creyentes un aliciente de esperanza frente al Cristo negro que ayer volvió a ser ungido en un ritual único y especial.

Fueron los fieles quienes acudieron al llamado del rito de la unción del Cristo para recibir algodones humedecidos de aceites benditos los cuales limpiaron el cuerpo de santo tallado en madera y que una vez al año es bajado de su nicho para esta conmemoración católica.

Y es esta tradición, una de las dos unciones que se realiza a un Cristo en esta ciudad, lo que la hace especial y provoca fervor entre los tehuanos.

El barrio Jalisco atrae a las mujeres devotas de esta imagen durante todo el día para que pidan por sus familias y por quienes, en ese instante, les solicitan la “quema” de una vela para pedir salud y prosperidad.

Fueron los shuanas, hombres encargados de administrar las iglesias de los barrios, los que se encargaron de bajar al santo de su nicho en el altar mayor, untarlo de aceites especiales y colocarlo en el centro del templo para que sea admirado por los fieles.

Es un rito del que sólo los shuanas pueden realizar y por tal motivo, cubren con una cortina de color lila el espacio donde es bajado el Cristo y ungido con aceites para su limpieza. Es el momento más solmene del lavatorio y que se hace acompañar de una banda de música que ejecuta ritmos fúnebres.

Frente a los devotos, la imagen del santo Cristo fue bajado del altar mayor de la iglesia del barrio para ser ungido y venerado un día antes del tercer Viernes que este barrio celebra con tradiciones cristianas y mezcla de costumbres zapotecas.

El ritual del Lavatorio del Cristo negro en el barrio Jalisco se llenó de solemnidad pero mucho más de fe. Aquí los vecinos y sus autoridades morales, los shuanas, acuden al templo del barrio para ungir la imagen del Cristo una vez al año, como su tradición lo marca.

Para los fieles como Pedro Hernández, la solemnidad de este evento aún se conserva pese a los años transcurridos y a los cambios en las costumbres sociales de la ciudad.

La unción con aceite de oliva al cuerpo del Cristo parece eterna. Música de minuetos que rompe el silencio de los fieles acompañan el lavatorio que sólo los shuanas pueden realizar, en respeto y privacidad.

La expectativa sobre lo que realizan los señores Principales de barrio o shuanas, mínimamente logra verse detrás de una cortina azulada que cubre la parte del altar mayor en donde se unge el cuerpo del Cristo Negro.

Por la tarde, se dio inicio con la serenata por el Quinto Viernes de Cuaresma, con la romería en el atrio de la iglesia del barrio Jalisco y la “incensada” en el altar del templo por parte de los shuanas, actuales y pasados.

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