Fotógrafo istmeño muestra las tradiciones con otras miradas

Jóvenes fotógrafos mexicanos reclaman su derecho a retratar sus tradiciones, lejos de las estampas típicas propagadas por otras miradas.
Diego Moreno (Chiapas, 1992) y Nelson Morales (Oaxaca, 1982) no sólo reivindican sus raíces, sino las presumen en el FOAM, el Museo de Fotografía de Ámsterdam.

Morales presenta imágenes provocadoras de muxes oaxaqueños, mientras Moreno concentra su trabajo en los “panzudos”, botargas que incrementan su tamaño y fealdad según las faltas cometidas.

Retrato de muxes

El trabajo de Morales entrevera la fotografía documental con la imagen erótica, el autorretrato y el performance, pues el mismo autor se transformó en muxe para relacionarse con sus personajes.

“Cuando me vuelvo parte del proyecto llego a conocerlos más, entro en sus fantasías, en sus sueños, en el imaginario que reproducen como personajes de telenovelas, heroínas o ninfas”, refiere sobre su obra, en la que resuena la intensidad oaxaqueña.

“Oaxaca es así, barroco en sus colores, en sus personajes y sus formas”, añade el artista, cuyas fotografías han resultado perturbadoras al mostrarlas no desde la postura antropológica que retrata al otro, sino desde la fascinación y la reflexión de la propia identidad, destaca Ana Casas, cofundadora de Hydra y curadora de la muestra.


Expresión real

“Una mirada desde adentro es muy importante en estos tiempos en que se reflexiona mucho sobre la sexualidad y el género”, apunta la también fotógrafa, convencida de que los jóvenes de Chiapas, Oaxaca u otras entidades deben expresarse desde sus identidades y realidades.

“Nos ha tocado gente que dice: ‘Esto es folclórico, no debería salir al mundo’. Es folclórico si lo toma alguien de afuera, pero si lo haces sobre tu propia realidad, ¿por qué eres folclórico? Eso es una postura política. De verdad creo que es importante potenciar lo que la gente tenga que decir, y eso no lo controlamos nosotros”.
El derecho a refolclorizarse

Moreno destaca la belleza en estos personajes que anualmente, los 22 de septiembre, expían sus pecados en las fiestas de la Virgen de la Merced, en el barrio del mismo nombre de San Cristóbal de las Casas.

Moreno supo cuán hermoso podía ser un “monstruo”, o alguien considerado como tal, por la relación con su tía, enferma de una esclerodermia que le produjo inflamaciones, erupciones y amoratamientos, deformándola, cuenta.
Harto de que Chiapas y sus tradiciones se conviertan en “objeto de estudio”, Moreno reivindica su derecho a “refolclorizarse”. “Hay quienes dicen que las tradiciones ya están fotografiadas, pero es la fiesta típica. Cuando las reconfiguramos desde nosotros (los habitantes de los barrios) surgen nuevas lecturas”, afirma. “Por eso creo que es válido refolclorizarnos”.

Fuente: Agencia Reforma

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