La invención de las mujeres matriarcas del Istmo

Javier CRUZ

TEHUANTEPEC, OAX.- En esta región no hacen falta hombres ni para bailar. En cuanto comienza a tocar la banda, las mujeres zapotecas se ponen a danzar alegres, espontáneas. Se dice que esta es la única región de México donde las mujeres bailan con otras mujeres, por eso se cree que existe un matriarcado, donde ellas son las que mandan y no dependen de ningún hombre, ni siquiera, para bailar.

Del matriarcado en las sociedades zapotecas se ha dicho casi todo. Desde apreciaciones erróneas, donde la mujer trabaja más que el hombre, hasta el decir que no necesitan del hombre ni para acudir a las fiestas.

Sin embargo, quienes han hablado del matriarcado del Istmo han sido personas ajenas a esta localidad, extranjeros o que desconocen la función social, de acuerdo a historiadores y cronistas locales.

Para Jorge Rodríguez, ex cronista de esta ciudad, la mujer tehuana es emprendedora, astuta y trabajadora, que le ha generado, incluso sobre otras mujeres de Oaxaca, una imagen de altiva y demandante sobre los hombres.

“En muchos aspectos de nuestra vida se nota eso que se llama matriarcado pero hay un equilibrio porque cada quien demuestra su papel preponderante en la familia. Ni la madre ni el padre mandan por sí mismo en todo”, señaló.

Decir que las mujeres trabajan más que los hombres, quizá llevó a los foráneos a considerar un matriarcado del Istmo por la concepción de que las mujeres hasta mantienen económicamente a sus maridos.

Margarita Dalton, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) unidad Pacífico Sur y una de las pioneras de los estudios de género en México, ha dedicado varios años a estudiar las revelaciones de género y la identidad en la región de Tehuantepec.

En su libro Mujeres: género e identidad en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, Dalton niega la existencia de un matriarcado zapoteca.

“Yo creo que las relaciones que se dan entre hombres y mujeres en el Istmo, no son muy diferentes a las que se dan en otras partes, lo que sucede es que ellas han tomado un papel más protagónico”, dijo en una entrevista a un blog digital la escritora mexicana.

Para Dalton existe una idea errónea del papel preponderante que tiene la mujer del Istmo en su relación social y parental, de ahí que surja el mito y la conceptualización del matriarcado.

“A veces la idea generalizada nos muestra a las mujeres istmeñas organizando solas las fiestas, bailando entre ellas, acaparando la palabra, etcétera. De ahí que se hable de matriarcado, pero, siguiendo con el ejemplo de las fiestas, los hombres se aíslan, se reúnen para beber, mientras las mujeres bailan, es decir, ellos son menos visibles. Se trata de características culturales que tienen mucho que ver con la imagen que se proyecta hacia fuera”, expresó Margarita Daltón.

Y en efecto, a diferencia de otras zonas del mismo estado de Oaxaca, las mujeres zapotecas del Istmo tienen mayor presencia desde su vestimenta típica que portan hasta en las decisiones relacionadas con la familia o la misma vida social de los pueblos.

Margarita Dalton especifica que las zapotecas del Istmo son mujeres que tienen un papel protagónico, son mujeres inteligentes, que dominan el mercado por cuestiones específicas como el hecho de que en algún tiempo sus maridos se dedicaron al pesca o a la siembra y debido al clima caluroso, solían trabajar de las tres o cuatro de la mañana a las siete u ocho, hora en la que se iban a dormir mientras el producto de su trabajo era comercializado por las mujeres.

Pero el mito de que existe un lugar donde las mujeres mandan, no parece ser aceptado por los actuales historiadores que analizan a las sociedades zapotecas del Istmo.

Las mujeres zapotecas tienen un poder influyente en la vida social de sus pueblos, pero desde luego, son el eje rector de sus familias y de las decisiones internas en el hogar.

Un mito hecho identidad

Seductora, interesante y hasta extraña es la idea del matriarcado en el Istmo de Tehuantepec, que muchos estudiosos y artistas han querido comprobar sin resultados positivos.

Sobre sus mujeres robustas y extrovertidas, el Istmo y su matriarcado se han tornado en un mito que hoy parece formar la identidad de varios pueblos istmeños.

Entre 1930 y 1932, un extravagante y visionario cineasta soviético, Sergei Einsenstein, recorrió parte de todo el país azteca recopilando información y filmando una película documental que nunca concluiría.

Los fragmentos del documental ¡Que viva México! fueron tremendamente influyentes entre intelectuales de todo el mundo. Tehuantepec fue uno de los hallazgos de Einsenstein, un lugar paradisiaco donde “mandan las madres”, en el que los hombres esperan recostados en las hamacas, mientras ellas acumulan monedas de oro gracias a sus habilidades comerciales en las plazas y los mercados.

“La mujer trabaja y se busca un marido”, se explica en la película, en un delirante vuelco a los estereotipos del género.

Pero en la cruda realidad, las mujeres, las madres de familia, presentan un concepto totalmente diferente al imaginario colectivo.

El abuso del hombre sobre la mujer persiste, pese a las sanciones penales y el rechazo social que se tiene contra la violencia.

El Instituto de la Mujer Oaxaqueña (IMO) destacó que la región del Istmo ocupó en 2015 el primer lugar en denuncias por violencia intrafamiliar, lo que evidencia el panorama desolador de las madres, pese a las acciones legales contra los agresores.

La violencia doméstica se registra mayormente en matrimonios, sobre las madres de familia que acuerdo datos de la fiscalía del Ministerio Público de Tehuantepec, en 2015 se registraron más de 110 denuncias por este delito.

La fiscalía del ministerio público reconoció que no en todas las denuncias por violencia de género hay un castigo penal contra el agresor, pues en muchos casos, el victimario es resuelto a una suspensión de proceso a prueba para “regenerar” su conducta agresiva.

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