Así eran los tiempos de lluvia en Tehuantepec…

Rómulo Jiménez Celaya/ Cronista de Tehuantepec

TEHUANTEPEC.- “Recuerdo que el ultimo porrazo de agua que cayó sobre Tehuantepec fue en el último año del presidente municipal Diego Santos (2010), de ahí pal real, no ha llovido como Dios manda en Tehuantepec”

Después de muchos días de intensos calores y de tardes nubladas, sin que a la vuelta de ellos se vislumbrara la caída de las aguas, me llegó la certeza de que el dios Tláloc y San Isidro Labrador se volverían a olvidar otra vez de nosotros. El 18 de abril del 2017, nos agarró por sorpresa una lluvia anémica y que a decir de los abuelos, no era más que una lluvia de moja-guidxa.

La llovizna que se extendió entre las dos y media de la tarde y ocho de la noche, provocó que el sueño se fuera a la hamaca con la esperanza de que por fin la lluvia fuera a exorcizar el infierno que hemos tenido por clima en estos últimos días.

Como ya es costumbre en los últimos treinta y dos años, las lluvias en Tehuantepec se han retrasado. Aclaro, esto no quiere decir que no han caído lluvias fuertes de tres, de cuatro hasta de seis días. El hecho de que se hayan venido adelantando o retrasando las lluvias nos ha trastornado nuestro hábito de la prevención para la época de lluvia.

Nuestros abuelos, guiados por la experiencia de vida, nos enseñaron que antes de que comenzara las lluvias nos proveyéramos de comida y de bebida, algo empatado a lo que hacen las hormigas en este tiempo.

Recuerdo que antes de que comenzara la temporada de lluvia mi abuela materna Antonia Lobo Rosado (1903 -1999) compraba maíz para asegurarse que en la mesa no faltara la tortilla (gueta), el gueta bidola, el comixcalito, la clayuda y el niziaba (atole). Compraba leña y el ocote para mantener vivo el fuego en el fogón. También compraba azúcar, panela, sal, café, chocolate, totopo, pescado oreado (lisa o bagre), cecina y tasajo oreado; camarón, queso seco, frijol, arroz, pan dxapa, bofe (pulmón de la res hecha tiras, las cuales se les unta mucha sal y se orea al sol).

Recuerdo que la abuela colocaba todo esto sobre una canasta de ala ancha (dxumi laga) la cual se colgaba de un gancho que estaba sujeto a un mecate, y este a un morillo del techo de tejavana.

No me dejarán mentir los que saben, pues es cierto altura la comida se conservaba muy bien, vaya, como si estuviera en refrigerador. Cada vez que íbamos a comer, mamá descolgaba la canasta y lo colocaba sobre la mesa, de ahí nos servía la comida y cuando ya estábamos satisfechos, mamá recogía lo que sobraba y volvía a colgar la canasta, o mejor dicho, a “levantar la canasta”, de aquí el dicho que se dice cada vez que alguien nos regaña o nos dice de una manera grosera como debemos conducirnos en la vida, como si nos estuviera manteniendo: “ Ya levántame la canasta”.

Recuerdo que se comía muy sabroso en la temporada de lluvia. Cómo extraño esos días lluviosos cuando mamá Chana me daba de tomar leche-arroz ¡Esta bebida sabía a gloria!

También recuerdo que la abuela me enseñó como colocar los trozos de totopo a manera de empalizada en la taza que contenía café, y antes de que se pusieran blanditos, retirarlos de la taza y untarles frijol refrito y luego dejarles caer encima el queso seco espolvoreado, mmmm que rico se comía en la temporada de lluvia.

Hoy en día la prevención para la temporada de lluvia ya no se practica, los hijos y los nietos ya no saben nada de esto, y ya para qué, si confiamos ciegamente en los OXXO’s que están abiertos las 24 horas del día. Esto a propósito de la temporada de lluvia que está por iniciar.

¡Adiós al Tehuantepec de mis recuerdos!

QUEDE ESTO COMO TESTIMONIO PARA NUESTROS HIJOS.

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