Beso entre varones, la humillación del machismo

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Hace días circula en las redes un video casero donde un joven es forzado a besar a otro hombre, mientras algunos varones se divierten y les exigen a ambos que abran más la boca, que se abracen más fuerte y se toquen los genitales. La última escena de esa filmación casera, hecha desde los celulares de los compañeros, es una toma de ese joven, ya solo, en un patio, escupiendo con repugnancia.

Según parece, se trata de uno de los usos y costumbres que ha instaurado un dirigente sindical, líder de una organización de taxistas de Salina Cruz, Javier Córdova, apodado La Culebra. En entrevista, el líder, de 73 años aceptó que en un principio avaló el “relajo”, pero después “tuve un poco de culpa porque no debía de haberlo permitido”. Negó que su organización humille a los choferes necesitados. “Fue sólo una broma”.

La cuestión se agravó porque el video, que circuló en chats, afectó seriamente la vida familiar y social del joven, al grado que intentó suicidarse. Varios compañeros señalan que trató de quitarse la vida intoxicándose dentro de su taxi, y gracias a la intervención de unos transeúntes que dieron aviso a los paramédicos fue salvado.

La forma en que Córdova condiciona a los choferes que desean ingresar a su gremio a que se besen y manoseen delante de sus demás compañeros recuerda esas novatadas que todavía perviven en algunas partes, donde se obliga al recién llegado a realizar alguna transgresión, con frecuencia relativa a lo que se considera la masculinidad; por ejemplo, vestirse de mujer y maquillarse para salir a pedir dinero a la calle o para realizar un strip-tease frente al grupo. Los demás varones participan con sus gritos y albures y el varón disfrazado es la víctima en turno que satisface la necesidad de imponer un poder, “feminizando” a un hombre, y haciendo así valer una agresiva virilidad.

Por lo pronto, Carlos Alberto Mejía Gil, secretario general de la Federación de Trabajadores del Estado de Oaxaca, afiliada a la Confederación de Trabajadores de México, declaró que Javier Córdova Quevedo fue expulsado de la CTM y que han puesto una denuncia en su contra por usurpación de funciones. Para deslindarse, Córdova declaró que la escena filmada no fue a petición de él: “No fue por una concesión, hace tiempo no hay concesiones. Son conductas propias de sus deseos. El enemigo aprovecha para hacer escarnio”.

Luego señaló que los dos compañeros fueron expulsados por “conductas impropias” y que no tenía nada que aclarar, pues esas son “cosas personales” que no tienen que ver para obtener alguna concesión. Varios choferes confirmaron que ese “ritual” es una práctica recurrente, y vía redes sociales aparecieron otros videos similares. Entonces compañeros aliados a La Culebra reconocieron que es una práctica común besarse entre ellos, y argumentaron que se trata de “besos amistosos, pues somos una fraternidad”. “No nos avergonzamos de nada, hay como 10 videos en donde nos estamos besando todos”.

Lo que se ve en el video no es un beso “amistoso”, sino una humillante prueba de obediencia. Ha habido comentarios del tipo de “¡Qué asco, dos hombres besándose!”, pero es necesario analizar bien lo que es ese acto registrado en el video: no es una expresión de una homosexualidad gozosa y consentida, sino la imposición perversa de un dirigente sindical que condiciona la entrada a su gremio obligando a dos hombres a dar un espectáculo para regocijo de los demás.

Lo que expresa esa escena es una de las vertientes más patéticas del machismo mexicano, la que disfruta de la imposición de un acto de contenido sexual aprovechándose de la necesidad de trabajo de un compañero. Nada que ver con los besos que los muxes se dan libremente en el Istmo oaxaqueño.

Hipólito Rojas, de la CTM, quien también manifestó que Córdova fue expulsado de la federación regional, declaró que “los cetemistas se deslindan de las imágenes que denigran la condición humana”. Bien por el deslinde pero no hay que equivocarse: lo que “denigra la condición humana” no es un beso entre dos hombres. Hay culturas donde los hombres se besan en la boca cuando se saludan, y las parejas de gays lo hacen con un sentido absolutamente gozoso. Lo denigrante es que la necesidad económica lleve a un ser humano a aceptar algo que le da asco y que viola su autodeterminación sexual. Lo que se registra en el video no es un beso entre hombres, sino una expresión de la desesperación que existe ante la precariedad laboral y el desempleo en nuestro país.

En paralelo a los lamentables sucesos en Salina Cruz, el sábado 27 de mayo el periódico Reforma publicó en su primera plana la foto de un varón rodeado de mujeres. Se trata del belga Gauthier Destenay, marido del primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel. El señor Destenay destaca como “primer caballero” en una foto de cónyuges de mandatarios, donde las demás personas son “primeras damas”. Ya me he lamentado de cuánto nos falta en México para que veamos imágenes positivas de personas homosexuales, mujeres y hombres, ocupando posiciones destacadas. Ahora me pregunto cuánto nos falta para que la noticia sobre un beso entre dos varones sea sobre una celebración amorosa y no sobre exigencias perversas que abusan de la precariedad laboral.

Este análisis se publicó en la edición 2118 de la revista Proceso del 4 de junio de 2017.

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