En el Istmo tiran casonas para construir cuartitos

Edgar CRUZ

TEHUANTEPEC.- El proceso de reconstrucción de viviendas ha propiciado la demolición de varias casonas de estilo colonial en esta ciudad y otros municipios del Istmo, causando una ruptura arquitectónica tradicional en esta región.

De las poco más de 14 mil viviendas que tendrán que ser demolidas en el Istmo de Tehuantepec, al menos un 40% se estima que son inmuebles con estilo vernáculo, algunas de más de 200 años de antigüedad.

Tanto organizaciones civiles, culturales y gobierno locales, así como exponentes del arte como el maestro Francisco Toledo, han hecho un exhorto al gobierno federal para preservar el estilo arquitectónico del Istmo de Tehuantepec y con ello conservar la identidad inmobiliaria de la región.

“Es una lucha que estamos unificando desde varios sectores para preservar nuestro patrimonio arquitectónico, pero el miedo en la gente los ha llevado a demoler lo que se puede rehabilitar y lamentablemente con lo que está dando la federación no se podrá reconstruir el tesoro inmobiliario que muchos heredaron de sus abuelos”, señalo Luis Díaz, director del Patrimonio Edificado de Tehuantepec.

Y es que en este municipio, uno de los más afectados por los daños a casonas antiguas de siglos XVI, XVII, XVIII y XIX,  han comenzado con la demolición arquitectónica que a la fecha suman al menos 17 viviendas vernáculas derruidas.

Para la asociación Amigos del Centro Histórico de Tehuantepec se debe integrar un plan de rescate y preservación de las casonas afectadas por el terremoto del 7 de septiembre.

Con la integración de una comisión supervisora, tanto los Amigos del Centro Histórico como las autoridades municipales buscan otorgar asistencia técnica a los propietarios de inmuebles históricos y coloniales dañados por el sismo.

Sin embargo, el miedo a las réplicas y a que el gobierno no entregue los apoyos a los damnificados, ha sido más fuerte que la voluntad para preservar los inmuebles coloniales.

En Juchitán, el señor Francisco López aceptó la demolición de su casa para que la Sedatu le entregara con mayor prontitud los apoyos para la reconstrucción.

“Yo lo que quiero es un lugar donde vivir y con lo que han dicho que no van a entregar las tarjetas hasta que las casas estén derribadas pues ¿qué puede hacer uno? Mi familia necesita ya un techo para protegerse”, dijo este padre de familia quien de tener una casa amplia con techado de teja pasará a tener una vivienda rústica de apenas 50 metros cuadrados.

Para el ingeniero Gabriel Cervantes, el apoyo del gobierno federal a través de la Sedatu para la construcción de viviendas podría alcanzar para tener una casa de hasta 60 metros cuadrados de modo rústico y sin servicios como agua potable y alcantarillado.

En sus estimaciones, que ofrece a los damnificados de forma gratuita, señala que se necesitan 5 toneladas de cemento, 250 varillas de tres octavos, 260 kilos de alambre, 10 kilos de clavos, 2 mil blokcs, 2 camiones de arena y dos de grava para levantar una casa acajonada con un precio de 79 mil pesos tan solo en materiales.

A este gasto hay que sumarle unos 50 mil pesos para el albañil y los ayudantes durante casi dos meses de trabajo, además de unos 40 mil pesos para la instalación del servicio eléctrico y de alcantarillado.

“Lo que me va alcanzar con este dinero es para un par de cuartitos, un pequeño baño y el comedor, no tendré más espacios como lo tenía en mi antigua casona, ni el corredor donde a veces colgaba hamacas para descansar y refrescarme”, señaló el señor Francisco López.

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