Las heridas no sanan a dos meses del sismo

JUCHITÁN.- En el Istmo de Tehuantepec aún duelen las heridas que dejó el sismo del 7 de septiembre. A casi dos meses del terremoto, los apoyos para la reconstrucción apenas comienzan a llegar, mientras que la ayuda humanitaria ha disminuido.

En 60 días, todavía las cicatrices son visibles; muy lentamente avanza la reconstrucción de las viviendas que sufrieron daños estructurales o colapsos totales y de no ser por la presencia del Ejército, la ausencia del gobierno sería total.

La ayuda del Fondo de Desastres Naturales (Fonden) para los damnificados ha comenzado a fluir, pero ésta no es suficiente.

Las casas colapsadas, con valores catastrales que oscilan entre los 250 mil y hasta el millón 100 mil pesos, intentan ser compensadas con bonos de apenas 120 mil pesos.

“Eso no es suficiente, apenas si nos alcanzará para levantar un cuarto”, se queja Noel Martínez López, un jefe de familia parapléjico, enfermo de hemofilia, al que el sismo le arrebató el único patrimonio que tenía.

Su casa, con valor de más de un millón de pesos, fue declarada pérdida total, y ahora sólo cuenta con 120 mil pesos para la reconstrucción.

Noel lleva dos meses viviendo en la calle. Ahora su principal preocupación es hacer rendir el dinero que apenas hace dos días le entregó el Gobierno federal.

“Algo es algo”, dice Noel mientras se le salen las lágrimas al observar cómo una retroexcavadora termina de derribar las estructuras de su vivienda.

A pesar que considera que es poca la ayuda que le ha brindado el Estado para resarcir la pérdida, Noel la agradece. Igual que el apoyo de subsistencia básica que le sigue llegando.

El Ejército y la Cruz Roja le entregan cada dos semanas una despensa alimenticia. Esa es la única forma que tiene para sostener a su esposa, sus dos hijos y a su madre, que dependen de él.

Desde hace semanas, en los municipios afectados por el sismo del 07-S ha dejado de fluir la ayuda en despensas por parte de la sociedad civil.

Aquí, ese tipo de apoyo sólo está fluyendo por cuenta del Ejército y la Cruz Roja, que en conjunto recorren todas las localidades dañadas para la entrega de alimentos.

La Cruz Roja, que trabaja con más de 300 voluntarios en la región del Istmo, tiene garantizado el suministro de alimentos, camastros y asistencia médica durante el tiempo que tarde la reconstrucción, en donde “el objetivo es no dejar sola a la población necesitada, la que sigue viviendo en una situación de crisis”, dijo Alberto Chávez, voluntario de la institución.

ECONOMÍA DEPRIMIDA

En esta región, la economía sigue deprimida, la mayoría de los negocios no han podido restablecer sus actividades normales y son miles los que se encuentran sin empleo.

Noel es uno de esos miles que no tienen una forma segura de sostener a la familia.

El supermercado donde trabajaba como empacador no ha reabierto sus puertas y no ha encontrado en donde emplearse.

El único sector que suena alentador al empleo es el de la construcción. Con los más de 11 millones 800 mil pesos que el Gobierno federal ha distribuido entre la población de esta región, como parte del Fonden, se espera reactivar la magra economía de la zona, pero eso aún no sucede.

La mayoría de los beneficiarios del Fonden buscan que los recursos destinados al pago de mano de obra para la reconstrucción de sus viviendas se queden dentro del seno familiar.

Por eso casi todos le apuestan al autoempleo. La demanda de albañiles, al menos en la zona sur del Istmo de Tehuantepec, en las localidades de Juchitán, Unión Hidalgo, Asunción Ixtaltepec, Ixtepec y San Dionisio del Mar, ha hecho que los costos de mano de obra se disparen desde los 400 pesos por día (en promedio) que se cobraba hace dos meses, hasta los 700 y mil pesos.

En la zona del Istmo de Tehuantepec la mayoría de los negocios no han podido restablecer sus actividades normales y miles de habitantes no tienen empleo

VIVEN DE LA PEPENA

Los que no conocen de albañilería y se han quedado sin empleo tras la crisis del sismo, tienen que vivir de los escombros, de la venta de materiales para reciclar.

Pero la oferta de estos materiales, principalmente metales, ha hecho que los centros de acopio bajen los precios; hasta antes del terremoto, un kilogramo de fierro se cotizaba en 350 pesos, pero ahora sólo pagan entre 210 y 250 pesos por esa medida.

El aluminio y el cobre también se han depreciado en casi un 60 por ciento. Simi González de la Cruz es un abogado que quedó desempleado luego que el despacho donde trabajaba cerró a causa del derrumbe.

Desde hace dos meses recorre las zonas siniestradas para pepenar metales que pueda comercializar. Junto con él, Noel Rodríguez Martínez, que trabajaba en una abarrotera, y Eder Jiménez, que era taxista.

“En un buen día colectamos 100 kilos de varilla, puertas y canceles, y eso ya nos da la posibilidad de llevar algo de dinero a la casa.

Lo dividimos entre el grupo –formado por siete trabajadores-, y así la vamos pasando mientras regresamos al empleo”, explica Simi González.

Con información de Reporte Índigo

 

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