Juana Cata ¿sin genealogía paterna?

Edgar CRUZ

TEHUANTEPEC.- Contrario a lo que creemos, el apellido Romero de la insigne Juana Catarina no pertenece a su padre, es más, los historiadores que investigan su vida desconocen quién fue el progenitor de la Benefactora de Tehuantepec.

Para la historiadora Fancie Chassen López lo más difícil de investigar en la vida de Juana Catarina Romero ha sido la genealogía paterna que se desconoce hasta la fecha y que ha generado confusiones entre los investigadores sobre este aspecto ascendente de la mujer zapoteca.

La historiadora de origen estadounidense ha expuesto diversos fragmentos de la vida de Juana Cata, desde aquellos que fueron mitos hasta las verdades que desmienten algunas versiones que rodean a la mujer más destacable del siglo XIX en el Istmo.

Pero en todas sus investigaciones ni ha encontrado documentos que avalen la genealogía paterna de Juana Cata ni tampoco escritos de esta mujer durante la plenitud de su vida que la lleven a tener una imagen más humana de cómo fue en sus relaciones interpersonales.

“Lo que más lamento que es no haya archivos sobre sus ideas, sus pensamientos que nos haga interpretar cómo era ella porque tenemos documentos sobre sus negocios, sus transacciones económicas y políticas pero de sus ideas personales no tengo”, refirió en una visita a esta ciudad la investigadora sobre los datos en la vida de Juana Cata.

Chassen  señala que el apellido Romero Egaña pertenece a su madre pero se desconoce por qué no existe el apellido paterno en el nombre de la Benefactora.

Algunos investigadores de la vida de Juana Cata como la antropóloga Julia Astrid Suárez, deducen que pudo deberse al poderío económico y social que tenía el apellido Romero en la sociedad tehuana y oaxaqueña en aquellos tiempos, por lo que se siguió preservando, incluso entre mujeres.

Juana Catarina Romero Egaña nació el 24 de noviembre de 1837 en el barrio Jalisco de Tehuantepec. Fue una empresaria, política y diplomática mexicana que apoyó con sus recursos al ejército durante la intervención francesa y propició la instauración de escuelas públicas en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, mucho antes que la cruzada educativa nacional Vasconcelista.

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