Recibe Marco Pétriz medalla Xavier Villaurrutia del INBA

Redacción

Con la entrega de la Medalla Xavier Villaurrutia a Tito Vasconcelos y Marco Petriz, por sus aportaciones al arte escénico del país, inició en León, Guanajuato, la 38 Muestra Nacional de Teatro.

Los creadores teatrales recibieron el reconocimiento de las manos de Lidia Camacho, titular del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) en un emotivo evento donde fueron galardonados.

Petriz es fundador y director del Grupo Teatral Tehuantepec y ha cosechado éxitos a lo largo de casi tres décadas de carrera. Vasconcelos, es uno de los veteranos del cabaret político, con 50 años de trayectoria. Ambos serán premiados con la Medalla Xavier Villaurrutia otorgada por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y la comunidad teatral mexicana, por su innegable contribución al desarrollo del arte escénico en nuestro país.

Originario de Oaxaca y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Marco Petriz se formó como actor y posteriormente se desarrolló en la dirección de escena. Es reconocido a nivel nacional e internacional por su crítica y exhibición de la identidad regionalista (istmeños), entregado a mostrar a las nuevas generaciones la riqueza cultural del Istmo de Oaxaca. Como actor, apareció en la multipremiada película ‘Carmín Tropical’, del también oaxaqueño Rigoberto Pérezcano.

Apasionado del teatro

Considerado un apasionado y comprometido director y dramaturgo Marco Pétriz se ha consolidado como un profesional del arte escénico que ha llevado diversas obras con el Grupo Teatral Tehuantepec -el cual es fundador-, a la capital del país, Monterrey, España y Argentina, además ha logrado que el público, críticos, periodistas y expertos de teatro viajen al Istmo de Tehuantepec para conocer su innovadora propuesta.

“Uno de los logros que me parece más importante es que en todas las obras del grupo hay un trabajo honesto”, explicó en una entrevista publicada en la revista especializada “Paso de Gato”, que resalta la labor que desde 1993 realiza el también profesor de teatro en dicha compañía, con la que ha montado 18 obras.

Definido como un hombre de teatro, Pétriz recuerda que su interés por el arte escénico surgió en la infancia: “cuando regresaba a mi casa, después de la misa o los bailes, montaba mi escenario y hacía mis representaciones”.

Sin embargo, su vocación la encontró en la Universidad Autónoma de Benito Juárez, en Oaxaca, donde formó parte de la Compañía de Teatro Universitario y de la de Jesús, así como del grupo “Zipizape”, con este último comenzó a crear un estilo de discurso teatral.

“En ´Zipizape´ aprendí que esto de hacer teatro requería de una disciplina que se lograba con el trabajo de hasta ocho horas diarias, entrenándose físicamente y explorando la actoralidad (sic). Esta experiencia marcó en mí una manera de ver el teatro”, comenta.

Luego de crecer en esta agrupación, Pétriz inició su búsqueda como director, en 1987, con el colectivo que años más tarde se convertiría en el Grupo Teatral Tehuantepec, además, su pasión por compartir sus conocimientos lo llevó a incorporase a la Casa de Cultura como maestro de teatro.

Para el director de teatro y ópera, Mario Espinoza, el dramaturgo oaxaqueño es uno de los creadores más originales de México cuyo grupo ha logrado crear un sello único; “a su talento escénico agrega carácter y consistencia, conjunto de atributos que hacen de su teatro una presencia significativa en el movimiento escénico nacional”.

“La exitosa carrera de Marco resultaría del todo inexplicable si olvidamos un factor esencial de la clave istmeña: Marco Pétriz no trabaja en solitario, sino en equipo (…), él y su gente están, a todas luces, comprometidos con el teatro”, expresa Mario Espinoza del trabajo de esta agrupación ganadora del Premio Enrique Ruelas, en 1994.

Por su parte, el crítico de teatro Fernando de Ita opina que Pétriz se transforma de poeta en carnicero: “con el afilado cuchillo de su mente el director tehuano corta la carne de los oficiantes hasta llegar al hueso. De ahí que buena parte de su breve pero intenso repertorio de montajes sean obras descarnadas, sin un gramo de sal porque su obsesión primaria es llegar a la medula de la emoción humana”.

“Tras la visión del poeta entra la mano del carnicero que corta todo lo superfluo para la representación de los sueños. Gracias al mezcal, gracias a la cerveza, gracias al calor, gracias a la urgencia del deseo carnal, la gente del Istmo vive la realidad como ficción y la invención como realidad”.

Con información de agencias

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Copy Protected by Chetan's WP-Copyprotect.