La hecatombe de Chalchicomula que mató a decenas de tehuanos

Rómulo Jiménez Celaya / Cronista de Tehuatepec

TEHUANTEPEC.- El 6 de marzo pero de 1862, dos meses antes de que las armas nacionales se cubrieran de Gloria (5 de mayo de 1862), ocurrió la hecatombe de Chalchicomula Puebla, hoy Ciudad Serdán.

Después de la Guerra de Reforma, México queda devastado económicamente; esto motiva al Presidente de la República – sin desconocer la deuda europea – a decretar la suspensión del pago de la deuda externa por dos años.

Este decreto (17 de julio de 1861) propició la convención de Londres (31 de octubre de 1861) en donde Francia persuadió tanto a Inglaterra como a España para protestar conjuntamente contra la política económica de México y de paso exigirle el pago de la deuda.

Con el Tratado de la Soledad, el Presidente Benito Juárez logra que las fuerzas armadas de Inglaterra y España se retiraran del Puerto de Veracruz, a donde habían llegado en diciembre de 1861. No ocurrió lo mismo con la expedición armada de los franceses, quienes tenían el propósito de invadir a México e instaurar una monarquía.

Para la Defensa a la República, se exhorta a los mexicanos a tomar las armas. Oaxaca respondió al llamado y engrosó la Tercera División del Ejército de Oriente con los batallones Morelos y el Galeana, integrados por tehuanos; el Batallón Independencia, compuesto por juchitecos, y el batallón Guerrero, conformado por gente del Valle de Oaxaca.

En su Reseña histórica del Cuerpo de Ejército de Oriente editada en 1892, el General de Brigada Manuel Santibáñez nos comenta lo ocurrido en la noche del 6 de marzo de 1862. En este día mueren muchos paisanos del batallón Galeana.

“Se comenzaba a reconcentrar fuerzas suficientes en Chalchicomula, por disposición del cuartel general, y la 1° y 2° Brigadas de la 3° División recibieron orden para transportar sus pertrechos de guerra a la citada población.

La mano del destino, invisible, pero certera en sus golpes, tenía preparado uno, y terrible por cierto, a la 1° y 2° y la Patria, que el esclarecido Estado de Oaxaca había puesto al servicio de la nación.

Tal parece que el infortunio escoge a sus víctimas de entre los más sufridos y abnegados: el valiente pueblo oaxaqueño que gustoso y entusiasmado fue el primero que puso sus valiosos elementos al servicio de nuestra causa; que enviaba a sus mejores hijos con la orden de sucumbir en la demanda antes que regresar al seno del hogar con la nota infame del cobarde; el Estado de Oaxaca tuvo la pena de llorar la muerte súbita de 1042 defensores de nuestra independencia, sin que pudiera inscribir sus nombres en el índice alfabético de los héroes.

Oaxaca, que atrae nuestras miradas por los haces de luz que se desprenden de su brillante historia; que en la lucha por la libertad y por la Patria ha sido la cuna de muchos héroes cuyos nombres han salido de muchos labios y cuyo recuerdo se guarda con cariño en muchos corazones; que solo ha hecho uso de sus caminos para enviar a la República todo su contingente de sangre o su contingente de ilustración y de progreso; que sin exigir recompensas siempre ha sido la primera en los sacrificios, fue en esta vez la primera también en la adversidad que sobrellevó con tanta abnegación.

Cuando sus tropas llegaron a Chalchicomula, la 1° Brigada se alojó en el edificio de la Colecturía: 460 quintales de pólvora se depositaron en el patio del improvisado cuartel, y aunque se habían tomado las precauciones necesarias para evitar una catástrofe, el reloj del destino marcó su hora funesta, y una explosión terrible, horrorosa, puso fin a la vida de aquellos soldados que venían a compartir con sus camaradas las fatigas de la guerra, y a recoger parte de la gloria que el destino tenía reservada a nuestro Ejército.

El 6 de Marzo de 1862 llegó la 1° Brigada a Chalchicomula, y sin sacudirse siquiera el polvo del camino, emprendió su viaje para la eternidad. Se cree con fundamento que la desgracia fue ocasionada, sin quererlo, sin pensarlo, por la sufrida y heroica compañera del soldado.

Al entrar la noche de ese nefasto día, soplaba en Chalchicomula un huracán que tenía acobardados a los pacíficos habitantes de la población.

Las mujeres de los soldados, convenientemente retiradas del lugar en donde estaba la pólvora, comenzaban a prender pequeñas fogatas para hacer el alimento de los fatigados batallones, y alguna chispa que voló sin ser advertida, fue sin duda la causa de la inolvidable hecatombe: 475 mujeres de los soldados, treinta y tantas vendedoras de comestibles y 1042 hombres perecieron: hubo doscientos y tantos heridos entre la tropa, y más de quinientos entre los vecinos de la población, cercanos al lugar del incendio.” [¨Manuel Santibáñez: 46,47 y 48]

No hay duda paisanos: La historia de Tehuantepec se viene escribiendo siempre en correspondencia con la historia Nacional.

Foto recreativa

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