Tehuanos se reencuentran con sus muertos en singular tradición

Javier CRUZ
TEHUANTEPEC, OAX.- Los tehuanos católicos tuvieron tiempo para volverse a rencontrar con sus muertos. Se rieron con ellos, les platicaron sus problemas, les lloraron sus ausencias y les combinaron de flores y antojitos las tumbas que ayer parecían coloridos cuadros de arte.

La celebración del Domingo de Ramos en el Panteón “El Refugio”, el más antiguo del Istmo de Tehuantepec, pudiera decirse que le dio vida a tantos muertos.

Es como una forma de celebrar con ellos, aquí la pasamos bien, tristes porque ya no están vivos pero saben que nunca los olvidaremos”, dijo doña Aurora, quien llenó de coloridas flores las tres tumbas de sus más grandes amores: su padre, su madre y su marido.

El Domingo de Ramos fue la romería de cada año previo a la Semana Santa y que sólo los zapotecas saben conmemorar entre aquellos que ya partieron a mejor vida.

Luminoso, alegre, melancólico, suculento e inexplicablemente lógico para quienes desconocen esta tradición zapoteca, así lució el panteón del barrio Guichivere.

Ataviada de flores coloridas y olorosas, la tumba de Juan Carlos se vio “alegre” tras la visita de sus seres queridos que le fueron a ver y a cantar.

“Tuvo un accidente que le quitó la vida. Ni modos, así es esto, no le debió pasar a él pero con todo el dolor de mi corazón tengo que asimilar su partida”, dijo melancólico Carlos González, padre de Juan Carlos quien pidió a una banda de música le tocara “¿Dónde estás corazón?”.

Los deudos supieron consentir la memoria de sus seres ya fallecidos. Música para revivir los recuerdos y el nunca despreciable toque de cerveza fueron los acompañantes de los vivos que disfrutaron junto a sus muertos durante la tarde del domingo que marca históricamente la entrada de Jesús a la ciudad de Jerusalén.

“Esto es una tradición”, señaló una de tantas vendedoras de antojitos y dulces típicos que rodearon la entrada al panteón hasta altas horas de la noche.

Dulces de curado hechos a base de ciruela curtida, pasteles, garnachas, empanadas, tacos y las aguas frescas de temporada inundaron de sabor el recuentro con los muertos.

“Algunos les parece extraño esta celebración, dicen que se parece a un Día de Muertos pero no es así, es más que eso, yo creo que tiene que ver con nuestros ancestros y en ningún pueblo del mundo se celebra de esta manera ni en estas fechas”, comentó Ricardo Durán, residente de la ciudad de Monterrey pero nacido en esta ciudad de costumbres milenarias.

Al bullicio de esta conmemoración se le unió el respeto por sus difuntos y el inicio de la Semana Santa.

“Esto es una fiesta, aquí se viene a comer, a tomar, a reír, a platicar con los muertos. Aquí estamos todos los que por alguna razón queremos celebrar porque después ya serán otros los que nos celebren, cuando partamos de este mundo”, dijo una de tantas taberneras que vendieron cervezas a las afueras del mítico panteón “El Refugio” que ayer se vistió de tradición y fiesta.

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