El pueblo que huyó de la violencia en la Sierra Sur

Cuarta Plana
SAN JOSÉ OBRERO PASO ANCHO, Sola de Vega, Oax.- Al quedar convertidos en pueblos fantasmas y destruidos en su totalidad con más de 60 viviendas incendiadas y derrumbadas, al igual que las escuelas, clínicas de salud y templos católicos, alrededor de 300 pobladores, entre ellos 50 niños, fueron desplazados de cinco comunidades de la Sierra Sur de Oaxaca.

Enclavada en la Sierra Sur de Oaxaca, en una de las zonas más áridas del distrito de Sola de Vega, se encuentra ésta comunidad de la que han sido desplazadas un centenar de familias, entre ellos, 50 niños que viven abandonados en la cabecera municipal, luego de que pobladores de San Vicente Coatlán, Ejutla, atacaron a balazos a éstas comunidades e incendiaron las viviendas, la iglesia católica, escuelas y clínicas de salud.

El Agente Municipal de San José Paso Ancho, relató que el pasado 30 de marzo, alrededor de las 6.00 de la mañana, cientos de pobladores de San Vicente Coatlán, con uniformes militares, chalecos tácticos y armas de uso exclusivo del Ejército Mexicano, de manera estratégica irrumpieron en la población disparando ráfagas contra las viviendas y a otras más les prendieron fuego.

Aseguró que el ataque armado duró aproximadamente ocho horas en que los elementos policiacos y militares, únicamente repelieron la agresión para defender al puesto de control y sus propias vidas, ante la inferioridad numérica y la desventaja en la capacidad de tiro y armamento, por lo que prácticamente nada pudieron hacer para evitar el ataque a la población.

 
Convertido en un pueblo fantasma y destruido en su totalidad con más de 60 viviendas incendiadas y derrumbadas y en donde únicamente se mira a nueve elementos de la policía estatal y una sección de 32 elementos de la 44/a. Zona Militar, que se mantienen en un puesto de control en lo que fue el centro de la población.

Con una población de 300 habitantes, las Agencias de Paso Ancho, el Pescador, El Taraguntin, El Huizache y Rancho Viejo, hoy permanecen totalmente deshabitadas, aunque algunas mujeres y hombres tratan de encontrar entre los escombros y láminas ahumadas algunas pertenencias que les puedan ser útiles.

Las clínicas de salud también fueron destruidas y solo se miran algunos muebles quemados y retorcidos por los efectos del fuego, todo lo demás quedó reducido a cenizas.

 
Los centros educativos, algunos de ellos del sub-sistema del Consejo de Fomento Educativo (CONAFE), al menos dos, se encuentran intactos por el efecto del fuego, aunque abandonados desde hace un mes en que los maestros dejaron de asistir ante la ausencia de niños por el éxodo de cientos de familias a la cabecera municipal.

Sin embargo, las escuela primaria “Benito Juárez”, de la comunidad El Taraguntin, su mobiliario, su pequeña biblioteca y una aula de madera y láminas, quedó reducida a cenizas, aunque lo más grave es que en las paredes, ventanales y puertas se aprecian infinidad de orificios de armas de alto poder, para no dejar dudas del odio hacía la comunidad.

Por la agresión armada y el éxodo masivo, más de 150 niños se encuentran sin clases desde hace un mes en algunas comunidades del sector oriente de Sola de Vega, ante la negativa de los maestros por regresar a las aulas por falta de garantías.

 
En el templo católico, al día siguiente del ataque armado, los pobladores bajaron del altar al santo patrón San José, para llevárselo con ellos a la cabecera municipal, en donde se encuentra entre los desplazados.

En las calles de los alrededores del puesto de control militar-policiaco, se pueden apreciar a simple vista cientos de casquillos percutidos de fusiles de asalto calibres 7-64. (cuernos de chivo); de 30-30; calibre 30-06 y 9 milímetros, así como de escopetas calibre 16 en su mayoría, lo que da cuenta de la capacidad de armamento con que cuentan los pobladores de San Vicente Coatlán.

Entre los escombros calcinados se pueden ver los utensilios domésticos de las mujeres que seguramente salieron corriendo para proteger sus vidas, dejando abandonado todo, los pocos muebles y utensilios de labranza de los campesinos, molinos, tinacos derretidos y hasta juguetes de los niños se miran regados en los patios y algunos más, incinerados.

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