Muertos, olvidados en su día

Javier CRUZ

TEHUANTEPEC.- En los panteones de esta ciudad hay muertos de los que ni en su día se acuerdan. Las tumbas que lucieron abandonadas y cruces rotas contrastan con los sepulcros arreglados con flores frescas en el Día de los muertos.

Los visitantes a estos lugares aseguran que “olvidarse de las tumbas de sus seres queridos es un proceso natural”, otros dicen que las actividades de la vida cotidiana son la razón del distanciamiento, aunque la mayoría coincide en que “con llevarlos en el corazón, basta”.

Rosario Suárez Martínez y su familia acostumbraban acudir al cementerio “El Refugio” a visitar los restos de su abuela, pero “por mucha razones” dejaron de hacerlo desde hace casi un año.

“No siempre tenemos el dinero ni el tiempo para venir a visitar a nuestra abuela, pero tratamos de estar con ella lo más posible”, destacó.

Aseguró que dejar de visitar las tumbas no representa el olvido a los muertos, pero quizá sea mal visto por la sociedad que acostumbra a criticar a quienes no llevan ni una flor a los que descansan en el camposanto.

La tumba olvidada de Alondra

El olvido también se nota en la tumba de Alondra Castillejos, una niña que murió a los nueve años de edad. Del pequeño sepulcro sólo se ve la cruz que dice su nombre y la fecha en que falleció: 22 de febrero de 1992.

Ayer, cuando regresaron al panteón El Refugio del barrio Guichivere, la hierba crecida y nuevas tumbas situadas a su alrededor, les complicó a los familiares ubicar la tumba de la menor.

Pasaron más de dos horas hasta que por fin el panteonero les ayudó a ubicar el sepulcro y a limpiarlo para destapar la estructura donde descansan los restos de la niña que yace allí.

La tradición del 2 de noviembre marca que hay que poner ofrendas y visitar a los muertos en el panteón porque es el día en que los espíritus regresan a la tierra de los vivos.

Sin embargo, no todos lo hacen. Lo mismo tumbas de niños que de adultos resienten los estragos del tiempo, y han sido sepultadas por la hierba, la tierra y la basura que deja el olvido.

“La gente se olvida de sus muertos, es de lo más natural”, aseguró María Torres, quien en compañía de su hermana Esther y su prima Dinora Manzano colocaban flor de Cempasúchil en la tumba de su madre, Guadalupe.

Felisa Romero llegó después de dos años a visitar la tumba de su padre. “Lo bueno es que todavía tiene la estructura por eso la encontré rápido, porque hay otras que ya no la tienen”, comentó.

La razón es que se mudó a Toluca, Estado de México, y la distancia le complica visitar el panteón con más regularidad, “pero hoy es un día que se tiene el tiempo suficiente”, dice.

Según el panteonero, mucha gente sólo visita a sus muertos el 2 de noviembre, cuando es el día del padre, la madre o el cumpleaños de la persona fallecida.

Pero a otros ni en esas fechas se les recuerda, así lo indican las tumbas y cruces rotas.

Las estimaciones del panteonero es que un 30 % de las tumbas del panteón El Refugio están abandonadas, pero el ayuntamiento no puede proceder para la reutilización de esas criptas por los conflictos sociales que pudieran generarse.

Hay tumbas de más de un siglo de antigüedad y que sin embargo, no pueden ser reutilizadas, primero, por el valor histórico y segundo, porque pueden salir familiares que pelearían por el nuevo uso de las criptas.

Algunos deudos llegan a utilizar a los niños que se encargan de limpiar de hierba y basura las tumbas tras varios meses de no visitar las criptas de sus familiares.

“A veces ofrecemos encontrar a sus seres queridos y el deshierbe para que ellos nada más pongan las flores”, explicó Enrique Brito, un joven de 14 años, que ayer prestó sus servicios en el panteón El Refugio.

El costo de cada servicio varía entre los 30 y los cien pesos, “depende de la suciedad que tenga el lugar”.

Con el paso de los años, algunas tumbas son prácticamente imperceptibles. Si no es por cruz que tienen, también algo deteriorada, no podría saberse que se trata de una cripta, de la que seguramente sus familiares han dejado en el abandono.

La autoridad municipal desconoce el número de sepulturas existentes en los dos camposantos de la ciudad, también de cuántas se encuentran en mal estado o en abandono desde hace más de 10 años, para poder ser reutilizadas.

Sin embargo, este 2 de noviembre, en algunos casos, las familias acudieron a ver a sus seres queridos ya fallecidos en el panteón. No a todas las tumbas se les vio adornadas y relucientes de flores. Quizá un 75 % de las sepulturas gozaron de la presencia de los deudos, el resto, quedaron otro año más olvidadas.

 

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