Las balas que caen del cielo: el peligro de disparar al aire

Edgar CRUZ

TEHUANTEPEC.- La ley de gravedad es simple: todo lo que sube, tiene que bajar, incluida una bala perdida.

Disparar al aire es una práctica muy popular en México y en varios países del mundo, pero este tipo de celebración es potencialmente fatal y muy a menudo redunda en la muerte de transeúntes u observadores.

Los estudios indican que, aunque la velocidad de una bala que cae es más baja que la de una que acaba de ser disparada, es todavía suficientemente rápida como para ser fatal.

Según un estudio datado en 1962, una ráfaga de calibre 30 puede alcanzar velocidades terminales de 91 metros por segundo la caída de cada bala.

Estudios más recientes indican que una velocidad de 61 metros por segundo es suficiente como para penetrar un cráneo.

Aún no se sabe el por qué la gente realiza disparos al aire, pero hay indicios que esta práctica proceda de suposiciones culturales que vinculan las armas con la masculinidad y el ego.

La preocupación de las autoridades respecto a esta práctica irracional se acrecentó a raíz del fatal accidente que sufrió una menor de 7 años de edad que recibió una bala perdida en la cabeza durante la celebración de fin de año en Santa María Petapa, Oaxaca.

Tore Knape Macías, titular del servicio informativo “Monitor Vikingo” sobre hechos de protección civil en el Istmo de Tehuantepec, informó que esta práctica es muy común en la región y en buena parte del país, a  pesar de los llamados de las autoridades a evitar disparar al aire.

Aunque no existe un conteo oficial de víctimas por balas perdidas en la entidad, tampoco la ley especifica protocolos para aplicar sanciones sobre quien resulte responsable de un caso relacionado con lesiones o muerte por bala perdida, sea imprudencial o no, con el que se pueda atender a las víctimas de un disparo al aire.

En la ciudad  de México, desde 2014 se abrió el debate sobre la posesión, portación y uso de armas de fuego donde se estipuló una sanción hasta de cinco años de prisión a quien dispare al aire sin causa justificada.

Sin embargo, desde su aprobación, esa reforma a la ley en la CDMX no surgió efecto en 2015 donde se registraron 24 víctimas, según informes de la Procuraduría de Justicia capitalina reportado en medios nacionales.

Tore Knape Macías señaló que el caso de la niña Bibián Michelle López, de siete años de edad, quien murió este día a causa de una bala perdida en un hospital pediátrico de la Ciudad de México, debe dejarnos el aprendizaje de que se debe terminar con esa costumbre irracional de disparar al aire. Una costumbre, dice, que no se ha podido desaparecer a pesar de los llamados de las autoridades a evitar esta práctica sobre todo en celebraciones como el fin de año.

Para el padre de la menor, además de desconocer de dónde pudo haber venido el disparo, el caso evidenció la inoperancia y lentitud de los servicios de salud de Oaxaca al tardar 14 horas el traslado por vía aérea desde Ciudad Ixtepec a la capital mexicana, lugar donde falleció la menor Bibián.

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