Un siglo de Bernarda Fuentevilla, emblema del bordado tehuano

Por Rómulo Jiménez Celaya
Cronista Municipal

TEHUANTEPEC.- Apenas tenía ocho años de vida y Bernarda Fuentevilla Martínez ya comenzaba a tejer los lienzos del traje de tehuana que ha sabido portar a lo largo de un siglo de existencia.

Na’ Bernarda Fuentevilla – de Mirón – como le gusta que la nombren, nació en los albores del siglo XX, el 25 de julio de 1920, hija de Francisco Fuentevilla Morgan e Inocencia Martínez Orozco.

Fue educada bajo la disciplina inflexible de la tradición tehuana, en donde el respeto hacia los adultos mayores y el sentido de la ayuda mutua entre hermanos era altamente valorado.

Al alcanzar la edad de los 8 años, na’ Bernarda comenzó el aprendizaje del bordado en el traje de tehuana, en la casa de su tía Paulina, del barrio Laborío, viendo como bordaban sus primas. Había nacido el amor por este oficio, que rápidamente incluyó como uno de sus juegos tradicionales, fue entonces que comenzó a bordar sueños sobre lienzos de esperanza.

A los 16 años su novio, “el gavilán” – a decir de ella – se la llevó del nido. Se casó con el Sr. Rafael Mirón Villanueva, de oficio músico, con el procreó 6 hijos: Santiago, Zoila, María de los Ángeles, Velia, Román y Jorge. Con el consentimiento de su esposo, na’ Bernarda, continuó con el bordado, contribuyendo de esta forma a la economía familiar, sin descuidar los menesteres propios del hogar y la educación de los hijos. Con ella se forjaron varias generaciones de bordadoras tradicionales en Tehuantepec.

Han pasado ya un siglo desde que vio la luz primera la tía Bernarda Fuentevilla, “y parece que fue ayer” me dijo, mientras que me contaba las anécdotas de su vida, y al tiempo que lo hacía, su rostro se iluminaba recuperando la lozanía de su juventud.

La tehuana es la iconografía que mejor nos representa, bien por su hermosura, su altivez o por el orgullo que siente por su gran legado cultural. A pesar de que procedemos de una cultura patriarcal, las tehuanas se han ganado a pulso su lugar preponderante en nuestra historia. La tehuana es pues la piedra angular de la familia, de la sociedad, es la dadora de identidad.

Tehuantepec sabe que tiene grandes personajes ilustres a lo largo de su historia, pero también sabe que posee personajes que, sin hacer mucho ruido, son parte de nuestra historia, pero esa historia que se escribe a pulso, la que se dicta con el corazón, esa historia que menciona como un susurro a na’ Hilaria Sosa, la que fuera el gran informante cultural de Miguel Covarrubias, allá por la década de los 40s del siglo pasado. Tehuanas sobresalientes en la historia colectiva del pueblo tehuano, como la historia que sigue escribiendo la tía Bernarda Fuentevilla, la última bordadora tradicional del Tehuantepec de mis abuelos, la última cazadora de sueños.

En la Vela Didxhazá de 2019, doña Bernarda recibió un homenaje por su labor artesanal y el conocimiento sobre bordados del traje de tehuana que ha transmitido a varias generaciones.

Na’ Bernarda Fuentevilla, niña-mujer-eternidad, bañada con las aguas del Guigu roo Guisi’i y sus cabellos enjuagados con el aroma de chintul. Na’ Bernarda Fuentevilla, niña-mujer-eternidad, autentica mujer didxhaza.

Doña Bernarda Fuentevilla/ Foto: A quien corresponda

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