El ambicioso proyecto que Porfirio Díaz tuvo en el Istmo de Tehuantepec

Federico Flores Pérez/ Antropósfera

Desde el siglo XVIII, se había visto el potencial geoestratégico que tendría el Istmo de Tehuantepec en las nacientes redes comerciales que se empezaban a tejer en el mundo. Pero los tiempos venideros resultaron ser demasiado tumultuosos para lograr concretar alguno de los planes que tendrían los dirigentes del joven país, sin descartar la inversión extranjera para culminar el proyecto.

La pacificación del país llegó por fin de la mano del gobierno autoritario de Porfirio Díaz, cuya meta para garantizar la estabilidad se basaba en la construcción de una red de infraestructura a lo largo del país que fomentaría las actividades económicas. Para esto, echo de mano de capital extranjero para poder llevar a cabo estos proyectos, de los cuales estaba el Ferrocarril Nacional de Tehuantepec que conectaría al Océano Atlántico con el Pacifico.

Se empezaron a hacer las licitaciones en el año de 1894, el miedo constante a la creciente influencia estadounidense hizo que se decantara por la inversión británica para desarrollar el proyecto, siendo Weetman Pearson el que ganaría las concesiones para la construcción del ferrocarril, cuya propuesta fue amenazada por el contratista Chandos Stanhope quien ofrecía precios más bajos, pero una revisión al proyecto garantizo para Pearson la obra.

Tras años de trabajos y sacrificios, el ferrocarril seria inaugurado en 1907. Este hecho represento un hito para el gobierno de Díaz, quien junto con Pearson celebró el primer viaje de la línea con invitados de lujo, desde el propio gabinete del presidente hasta lo embajadores las naciones europeas, americanas y Japón para que pudieran ver la forma en que el mismo Díaz estaba levantando al país. La operación del ferrocarril garantizó a la sociedad entre Pearson y el Gobierno una fuente importante de dinero que garantizaría el éxito de una obra que interconectaría ambos océanos.

Desafortunadamente, el destino le haría una mala jugada que la sacaría de forma definitiva de su puesto en el comercio internacional. El estallido de la revolución debido a años de injusticias pondría en jaque la operatividad de la vía, sumado a la competencia que representaba el recién inaugurado canal de Panamá.

Pero sería finalmente el gobierno constitucionalista que en 1918 da por terminada la sociedad con Pearson y con esto concluyó en forma definitiva los pocos años de bonanza que viviría la región y que sería recordada por los lugareños a través de generaciones. Está en puertas la propuesta del actual gobierno de resucitar esta vía de comunicación, esperemos que lo hagan bien para que esto no represente una carga.

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